La geopolítica del hambre: Cuando el petróleo vale más que la dignidad venezolana.


Mientras en los salones de la diplomacia internacional las grandes potencias y los centros de poder debaten sobre el control, explotación y futuro del petróleo venezolano, la realidad en las calles de Venezuela se mide en horas sin electricidad, grifos secos, servicios públicos deficientes y una infraestructura que reclama atención urgente.

Existe una distancia abismal entre el discurso macroeconómico de los poderosos y el día a día de un ciudadano venezolano que intenta sobrevivir sin los servicios públicos más elementales.

La geopolítica del hambre: Cuando el petróleo vale más que la dignidad venezolana.

Nos hablan de licencias, de contratos energéticos, de miles de millones de dólares en transacciones que supuestamente traerán «beneficios para la nación». Sin embargo, para el venezolano de a pie, esas promesas no son más que una vana ilusión. El beneficio económico de la riqueza hidrocarburífera jamás llega a la mesa ni al grifo del ciudadano, no hasta ahora. 

Los recursos se diluyen en la cúpula, mientras el pueblo paga el costo del colapso.

La arrogancia de los «acomodados»

La indignación aumenta cuando voceros internacionales y figuras de poder —quienes viven con todas sus necesidades básicas garantizadas y rodeados de comodidades— pretenden dictar los tiempos del cambio político en Venezuela. Resulta descarado escuchar argumentos que sugieren que el pueblo venezolano «debe esperar» o que «no está preparado» para asumir la vía electoral o el retorno a la democracia, proponiendo plazos sin fecha cierta.

¿Cómo se le pide paciencia a una sociedad a la que se le han vulnerado sus derechos más fundamentales? Es una muestra de cinismo pedir resignación desde la comodidad, ignorando que cada día de postergación se traduce en más precariedad, más migración forzada y más deterioro de la calidad de vida.

¿Cómo se sale adelante en la precariedad?

La pregunta que nos hacemos a diario no es de geopolítica, sino de supervivencia: ¿Cómo se sale adelante en un país donde lo esencial se ha convertido en un lujo?

Salir adelante bajo un régimen de facto y en medio de un abandono institucional sistémico no es un proceso sencillo ni mágico. Sin embargo, la resistencia de un pueblo no se mide únicamente en la capacidad de aguantar, sino en la negativa a resignarse.

Este blog se une a la divulgación de la realidad venezolana, en defensa de la democracia y la República: 

Mientras las grandes potencias negocian sobre el petróleo venezolano, millones de ciudadanos siguen esperando electricidad, agua, servicios públicos, instituciones y respuestas.





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