"Jamás había visto tanto sufrimiento en el pueblo venezolano, jamás había visto tanta valentía de alcanzar la libertad, jamás había vivido una dictadura grotesca y aberrante como la que hoy vivimos, que destruye instituciones, corrompe, destruye la democracia y la capacidad de elegir".
El tiempo

No es un sueño, es una realidad, hoy quienes gobiernan de facto, no tienen legitimidad, ellos viven bajo un doble espejo, su realidad y la realidad de la calle, pero la moral del país sigue intacta porque todos quieren vivir en libertad, vivir en democracia y en un país en donde se respete y garantice el Estado de derecho y de justicia, hablar de derecho no es garantía de miedo, hablar de derecho no es un delito.
Pero hay una nueva dimensión que debe ser examinada: ¿Qué significa vivir en una Venezuela tutelada por los Estados Unidos?
Quienes ejercen el poder de facto pueden construir una realidad paralela, una realidad institucional y política que pretende presentarse como normalidad. Pero existe otra realidad: la que se vive en las calles, en los hogares, en los tribunales, en las instituciones destruidas y en la vida cotidiana de millones de venezolanos.
La distancia entre ambas realidades es cada vez más evidente.
La moral de un pueblo puede ser sometida al miedo, pero no necesariamente puede ser extinguida. El deseo de vivir en democracia permanece. Permanece la exigencia de instituciones independientes, imparciales, elecciones libres, de justicia imparcial y de respeto al Estado constitucional de Derecho.
Hablar de Derecho no puede ser considerado una amenaza.
Hablar de justicia no puede constituir un delito.
Un Estado tutelado es aquel cuya capacidad efectiva de autodeterminación se encuentra limitada o condicionada por otro poder que interviene en la orientación de sus decisiones fundamentales.
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